La demandas del mundo del trabajo y de la
sociedad contemporánea exigen una formación general que posibilite a los
jóvenes su inserción no solamente en los diferentes ámbitos de producción y el
trabajo, sino también en estudios superiores; esto implica para la escuela
pensar en un aula y en una institución, que trascienda el ámbito escolar, con lo
cual surgirá el desafío de resignificar las fronteras institucionales de la
escuela y sostener la convicción de que no solamente se aprende cuando un
profesor enseña, sino también cuando éste guía al estudiante en la realización
de acciones que ponen en juego la propuesta escolar en otros ámbitos sociales:
el mundo laboral, el mundo cultural, el artístico, o el comunicacional.
Jorge Dubatti (Historiador y pedagogo
teatral) reflexiona: “Cada día que pasa vemos al hombre aislado entre máquinas
o concentrado en ellas, incluso comunicándose con otros hombres a través de
ellas. Vemos a niños y adolescentes tan asimilados a sus diversos aparatos, que
surge la pregunta inmediatamente: ¿cómo será el hombre del futuro? ¿Ya no se
hablará el hombre cara a cara; ya no se valdrá de las acciones de su cuerpo,
salvo para accionar máquinas? ¿Irá a los cumpleaños por internet, participará
de asados “chateados”, se casará y convivirá digitalmente? Cualquier pesadilla
futurista se disuelve si imaginamos que seguirá vivo el teatro, ya que devuelve
al hombre a su escala ancestral.
Desde el principio de los tiempos, el
teatro le ha brindado la posibilidad de “decirse” y de “decir”. Ha sido el
espejo en el cual el hombre ha podido mirar su imagen interna. Y este recurso
ha jugado un rol fundamental en los procesos de autoconstrucción de las
personas y de las sociedades. La actividad dramática es inherente a todas las
culturas, y siempre, con mayor o menor grado de conciencia, ha estado
comprometida con los aprendizajes vivenciales del ser humano. Es un hecho estético en el cual el hombre pone en juego una zona de creatividad,
imaginación, y singularidad intransferible.

El juego dramático conduce al que aprende a tomar posesión de sus recursos expresivos. Los juegos teatrales favorecerán la apropiación de la actitud lúdica y la interacción de conductas físicas. Estos proponen abrir un territorio para investigar e investigarse, y ampliar el campo perceptivo, dinámico, disponible, comunicativo y expresivo. A través de la practica teatral, se constituye un espacio, en donde se ponen en juego los conocimientos construidos durante el proceso formativo del estudiante, y se abordan nuevas situaciones problemáticas, su interpretación desde las teorías conocidas, y reflexiones sobre lo que se está haciendo. Esto contribuye a que el estudiante aprenda sobre sí mismo en relación al mundo y a los otros.
A medida que transita ciertos procesos, construye sus espacios y produce cooperativamente



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