La precisión,
construida con palabras simples e
ideas profundas...
El
permiso para dialogar lúdicamente con lo pre-establecido y revisarlo...
La
osadía, para pensar desde nosotros mismos reinaugurando cotidianamente la
realidad...
La
metáfora, como forma de vida.
Eso
queremos.
Para eso estamos trabajando.
La educación sistemática y obligatoria es el
espacio social en el cual el hombre en desarrollo debe apropiarse del cúmulo de
saberes básicos que le posibilitarán vivir con los demás, integrarse en el
mundo del trabajo y, fundamentalmente, autoconstruirse.
Un lugar en el
que, se supone, desarrolla las capacidades con las que llevará a cabo su
propio proyecto de vida. Pero, si analizamos el transcurrir de la historia
escolar de una persona, generalmente, y a pesar de los múltiples esfuerzos que
se están realizando por transformar la educación, estos saberes no pasan de ser
acumulación de datos. La escuela sigue centrando su tarea en el conocimiento de
las cosas en sí y no en la comprensión de la realidad y de uno mismo, a través
del conocimiento de las cosas.
Los resultados
están a la vista: una sociedad violenta y neurotizada, amordazada
afectivamente, empobrecida en sus valores, atrapada en la cultura de la queja y
la tristeza, sin capacidad para planificar y concretar un mundo mejor.
Los educadores se
sienten, a veces, tan impotentes frente a la realidad, que pierden la capacidad
de reconocerse a sí mismos como agentes insustituibles para lograr la
revolución más necesaria, la que pondrá al hombre de pie frente a sí
mismo, la que le permitirá ejercer la única libertad auténticamente
humanizante: la de desarrollarse en armonía, para poder pensar y actuar con
saberes pero también con bondad, con creatividad y con fe en el futuro.
El Teatro, por la
naturaleza de sus contenidos y por el estilo de sus estrategias de enseñanza,
resulta un significativo aporte en este sentido dentro de la propuesta
curricular para los diez años de escolaridad obligatoria. La Ley Federal de
Educación, dentro del área artística, propone al Teatro como uno de los lenguajes
a enseñar, en igualdad de condiciones con la Plástica, la Expresión Corporal
y la Música.
EXTRACTO DEL LIBRO DE ESTER TROZZO "DIDACTICA DEL TEATRO I"
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